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COMO TRATAR A UN MANIPULADOR

    intentar infundirte sentimiento de culpa
    La manipulación es un tema que preocupa a todos, de seguro porque en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido como marionetas en las manos de otras personas. Deseamos soltarnos de esos hilos invisibles que nos mantienen atados pero no sabemoscómo enfrentar un manipulador.
    Para liberarnos de la manipulación primero es imprescindible detectar el tipo de manipulador al que nos enfrentamos y si bien anteriormente se hizo referencia a una una figura que generalmente pasa desapercibida: el histérico víctima, ahora nos acercaremos a las tres formas por excelencia mediante las cuales algunas personas pretenden apropiarse de nuestra voluntad.
    – El Intimidador: es aquella persona controladora y manipuladora por excelencia, prototípica; fácilmente reconocible pues normalmente presenta un temperamento colérico o sanguíneo, con una personalidad intimidante.
    Responde rápidamente ante los estímulos del medio, sobre todo ante aquellas situaciones que percibe pueden escapar de su control. Su respuesta es eminentemente emocional, poco estructurada y casi nunca bien pensada. No es capaz de brindar argumentos razonables sino que su manipulación se impone por la «fuerza».
    En su presencia las personas tienen la percepción de que cualquier cosa que digan o hagan inadecuadamente hará estallar una explosión de ira y rabia contra ellos. El intimidador los hace sentir amenazados y sin armas para enfrentarlo. Su táctica es muy sencilla, algo bastante similar a la instauración de un régimen de terror, pues posee una personalidad intimidante; las personas se sienten incapaces de enfrentarlo.
    ¿La estrategia más eficaz para enfrentarlo? No enfrentarlo, hacer caso omiso de sus requerimientos o postergar para otro momento la discusión (siempre que se pueda).
    – El Victimario: es aquella persona que en su discurso cotidiano siempre demanda una suerte de compasión por todos los sucesos negativos que le ocurren en su vida. Que pueden no ser realmente tan nefastos en sí mismos pero al magnificarse sus repercusiones emocionales, se obtiene la compasión de la otra persona. En este preciso instante comienza la manipulación, el control. A su vez, el victimario nunca posee la responsabilidad por estos eventos negativos, la culpa es de los otros, por lo tanto, es muy probable que también intente hacer sentir culpable a su interlocutor.
    Esta forma de comportamiento se hace explícita en el prototipo clásico de la madre que no ha conseguido controlar a su hijo aunque ha intentado un despliegue de técnicas impresionantes, y recurre a una enfermedad o a cualquier otra situación lamentable que sabe de antemano, encontrará eco emocional en el hijo para controlar su comportamiento.
    En resumen, es el histérico víctima al cual se le ha dedicado todo un artículo.
    ¿La estrategia más eficaz para enfrentarlo? Dejar bien claro que comprendemos su estrategia con frases del tipo: «Comprendo que tengo alguna responsabilidad en lo que dices, no obstante, no por eso voy a asumir…»
     
    – El Inquisidor: es aquella persona que utiliza la crítica como su arma principal. Su táctica es hacer sentir a su interlocutor como una persona que no es capaz de controlar su vida, que no está a la altura de la situación y no puede manejar sus asuntos. Para esto, parte de críticas que inicialmente son bastante sutiles pero socavan la seguridad de la otra persona y poco a poco, va imponiendo su visión de la realidad, sus normativas, reglas y su forma de valorar, hasta que el otro comienza a medirse a sí mismo por la regla del inquisidor.
    El inquisidor parte de un conocimiento bastante exhaustivo de la otra persona, conoce sus errores, sus formas de valorar el mundo. Esta constituye la estrategia más sutil pues se sustenta en un entramado de manipulación de sentimientos y poner en común razones disímiles.
    ¿La estrategia más eficaz para enfrentarlo? Si tenemos cierto grado de responsabilidad en lo que se nos imputa nada mejor que reconocerla y posteriormente clarificar que todos tenemos valores diferentes y formas de actuar distintas y no por eso algunas son más equivocadas que otras.
    En sentido general puede observarse que el deseo de controlar, a partir de las más disímiles tácticas de manipulación del otro, posee en su base una profunda inseguridad personal, una incapacidad para lidiar con la realidad y reajustar sus planes. El manipulador desea sacar ventajas de los demás porque no es capaz de obtener los mismos beneficios mediante la comunicación asertiva, porque siente que no tiene los argumentos necesarios y suficientemente sólidos como para hacer prevalecer sus criterios por lo cual toma vías alternativas, atajos que los conducen a hallar nuestros puntos más débiles y a sacarles partido. Detectar sus estrategias es un buen principio para desarmarlas.
    La manipulación es una estrategia que usan las personas controladoras para doblegar la voluntad de otro en beneficio propio. Un manipulador puede empezar de manera sutil y gradual a imponer su deseo y su propia percepción de la vida. Si eso no funciona, recurren a la descalificación, la culpa, el miedo y la vergüenza para lograr la dominación. El silencio, la distorsión y la negación son sus instrumentos mejor «cultivados».
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    Podemos determinar 30 características, 4 de las cuales son consecuencia de las otras 26. Un individuo al que calificamos de manipulador actúa como mínimo conforme a una decena (10) de características de la siguiente lista:
    1- Culpa a los demás en nombre del vínculo familiar, de la amistad, del amor, de la conciencia profesional, etc…
    2- Traslada su responsabilidad a los demás o se desentiende de sus propias responsabilidades.
    3- No comunica claramente sus demandas, necesidades, sentimientos y opiniones.
    4- Responde muy a menudo de forma confusa.
    5- Cambia de opinión, de comportamiento y de sentimientos según las personas o las situaciones.
    6- Invoca razones lógicas para enmascarar sus demandas.
    7- Hace creer a los demás que tienen que ser perfectos, que no deben cambiar nunca de opinión, que deben saberlo todo y responder inmediatamente a las demandas y preguntas.
    8- Pone en duda las cualidades, la competencia y la personalidad de los demás; critica sin parecer que lo hace, desvaloriza y juzga.
    9- Hace transmitir sus mensajes a otros o los comunica de forma indirecta (por teléfono en lugar de cara a cara, dejando notas escritas).
    10- Siembra cizaña y suscita sospechas, divide para reinar mejor y puede provocar la ruptura de una pareja.
    11- Sabe hacerse la víctima para que se le compadezca (enfermedad exagerada, entorno «dificil», sobrecarga de trabajo, entre otros).
    12- Hace caso omiso de las demandas (aún cuando dice ocuparse de ellas)
    13- Utiliza los principios morales de los demás para satisfacer sus necesidades (nociones de humanidad, caridad, racismo, «buena» o «mala» madre, entre otros)
    14- Amenaza de forma encubierta o hace un chantaje abierto.
    15- Cambia radicalmente de tema en el transcurso de una conversación.
    16- Elude o rehuye las entrevistas y las reuniones.
    17- Cuenta con la ignorancia de los demás y hace creer en su superioridad.
    18- Miente.
    19- Falsea los hechos para averiguar la verdad, deforma e interpreta.
    20- Es egocéntrico.
    21- Puede ser celoso aunque se trate de un pariente o un cónyuge.
    22- No soporta la crítica y niega la evidencia.
    23- No tiene en cuenta los derechos, las necesidades y los deseos de los demás.
    24- Espera frecuentemente hasta el último momento para pedir, ordenar o hacer actuar a los demás.
    25- Su discurso parece lógico o coherente, cuando sus actitudes, sus actos o su forma de vivir responden al esquema opuesto.
    26- Utiliza halagos para gustarnos, nos hace regalos o tiene muchas atenciones con nosotros.
    27- Produce un estado de malestar o una sensación de falta de libertad (trampa).
    28- Es absolutamente eficaz para lograr sus propios fines, pero a costa de los demás.
    29- Nos induce a hacer cosas que probablemente no haríamos por voluntad propia.
    30- Es constantemente objeto de conversación entre personas que lo conocen, aunque no se encuentre presente.
    NO OLVIDE QUE SON NECESARIAS COMO MÍNIMO UNA DECENA DE CARACTERÍSTICAS PARA PODER HABLAR DE MANIPULADOR.
    Extractos seleccionados por M. Parés del libro «Los manipuladores» de Isabelle Nazare-Aga
    ¿SOMOS TODOS MANIPULADORES?
    A menudo se plantea esta pregunta tras leer la lista anterior. La observación de sus propios comportamientos le ayudará a encontrar una respuesta.
    La primera diferencia que hay que destacar es la que existe entre hacer y ser. El hecho de mentir, de hacer que le compadezcan «un poco» o de tener celos de vez en cuando no lo convierte en un mentiroso, una víctima o un celoso. Esta distinción es capital, pues el proceso de auto-evaluación global es muy frecuente.
    Es posible que encuentre en usted una, dos, tres, quizás incluso cuatro de las características citadas, sin que ello le convierta en un manipulador.
    Remítase a la lista de las 30 características y hágase primero las preguntas siguientes: ¿Hace que otros transmitan sus mensajes? ¿Es confuso? ¿Desvaloriza o se muestra despreciativo? ¿Es explotador? ¿Hace caso omiso de las demandas de los demás? ¿Crea tensiones o siembra cizaña? ¿Es celoso? ¿Es egocéntrico? ¿Es mentiroso? ¿Hace chantajes solapados?, Usted es quien debe responder. Si la duda persiste, hágale estas preguntas a alguien cercano, pero hágaselas objetivamente.
    Un manipulador o una manipuladora no es una persona «como las demás». No hay que confundir jamás la manipulación que es un mero comportamiento pasajero con la personalidad manipuladora.
    El manipulador manipula porque no puede hacer otra cosa. Para él se trata de un sistema de defensa con frecuencia inconsciente. Contrariamente a lo que podamos pensar, no se afirma.
    Lo que llamamos una persona afirmada (asertiva) es alguien capaz de expresar clara y sinceramente sus opiniones, sus necesidades, sus demandas, sus sentimientos y sus negativas, sin desvalorizar al otro y en función del riesgo que corre. Pese a las apariencias, el manipulador no confía en sí mismo.
    Un manipulador no puede existir sin la presencia del otro. Siempre se construye comparándose con el otro, pero introduciendo un dato de lo más nefasto para su interlocutor: la desvalorización. No respeta al otro.
    Su arte consiste en hacer creer, con palabras, en la imagen que desea que se tenga de él. Únicamente desvalorizando y culpabilizando se valoriza y se desentiende de sus responsabilidades. Se crea la ilusión de que es superior a los demás y se convence de ello.
    Observa, tantea y se las arregla para poner de relieve nuestros fallos y defectos.
    EL NIÑO MANIPULADOR
    Una personalidad se vuelve manipuladora debido a un sistema de defensa creado en la infancia. El niño manipulador permanece al acecho de los fallos afectivos de su padre más vulnerable y le hace sufrir mediante la culpabilidad o cualquiera de los otros treinta comportamientos descritos. Consiguen lo que quieren de los adultos que tienen alrededor. Suelen ser niños-reyes, demasiado admirados.
    Un manipulador es, ante todo, invisible.
    Un 80% de los manipuladores no se dan cuenta de las verdaderas consecuencias que provocan en los demás: desvalorización, falta de confianza en sí mismos, malestar, estrés e incluso destrucción psíquica.
    El 20% de los manipuladores si son conscientes de su estado y disfrutan de ese poder. Éstos son bastante perversos; se complacen en adoptar comportamientos inmorales, desagradables, y desestabilizadores para los demás.
     
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    Características de las Personas Manipuladoras

    A las personas manipuladoras las encontramos en distintas circunstancias de nuestras vidas. Hay manipuladores en nuestro trabajo, jefes o compañeros de oficina, en nuestras amistades y sobre todo en nuestra familia.
    No es fácil descubrir cuáles son las características de las personas manipuladoras, pero la mayoría de nosotros hemos sentido y vivenciado estas relaciones que nos confunden profundamente, porque no estamos seguros que está sucediendo. Nos sentimos culpables y al mismo tiempo víctimas. Comienza un circulo vicioso donde muchas veces hemos sido heridos o dañados por una persona manipuladora, donde hacemos un gran esfuerzo por mantenernos alejados, pero a la vez nos sentimos incómodos por la presión y volvemos a intenterlo, volvemos a depositar la confianza, pero sin resultados positivos. Al final relacionarnos con personas manipuladoras nos puede conducir a tomar malas decisiones, y sentirnos muy confundidos e inseguros con respecto a nosotros mismos.

    Caracteristicas de Personas Manipuladoras

    Personalidad agresiva encubierta

    Hay dos tipos básicos de agresión: la agresión directa y la agresión encubierta. Cuando usted está determinado para obtener algo y es abierto, directo y obvio en su manera de enfrentamientos, su comportamiento es etiquetado como abiertamente agresivo. Cuando usted debe «ganar», dominar o controlar, pero en forma sutil, secreta o bastante engañosa para esconder sus intenciones verdaderas, su comportamiento es más apropiadamente etiquetado como encubiertamente agresivo. Ahora, evitar cualquier demostración abierta de la agresión y simultáneamente intimidando a otros para que le den lo que usted quiere, es una maniobra poderosamente manipuladora. Por eso la agresión encubierta es el vehículo para la manipulación interpersonal usado más a menudo.

    El proceso de Victimización

    Durante mucho tiempo, me pregunté por qué las víctimas de manipulación les cuesta tanto ver lo que sucede en interacciones manipuladoras. Al principio, estuve tentado de criticarlos. Pero he aprendido que son engañados por algunas muy buenas razones:
    1. La agresión de un manipulador no es obvia. Nuestra intuición puede decirnos que ellos luchan por algo, luchan para vencernos, ganar poder, o hacer las cosas a su manera, y nos encontramos inconscientemente a la defensiva. Pero porque no podemos señalar pruebas objetivas y claras de que nos atacan, no podemos validar fácilmente nuestros sentimientos.
    2. Las tácticas usadas por los manipuladores pueden hacerlo parecer que están dolidos, se preocupan, defendiéndose…, casi todo menos que están peleando. Esta táctica es difícil de reconocer simplemente como estrategia inteligente. Ellos siempre hacen lo suficiente para que la persona dude de su comprensión natural e intuitiva de que está siendo víctima de abuso o toma de ventajas. Además, la táctica no sólo dificulta que consciente y objetivamente vea que un manipulador lucha, sino que simultáneamente le mantienen a la defensiva. Estos rasgos son armas psicológicas muy eficaces a las cuales cualquiera puede ser vulnerable. Es difícil pensar con claridad cuando alguien le tiene huyendo emocionalmente.
    3. Todos nosotros tenemos debilidades e inseguridades que un manipulador inteligente podría explotar. A veces, somos conscientes de estas debilidades y de cómo alguien podría usarlos para aprovecharse de nosotros. Por ejemplo, oimos que padres dicen cosas como: «sí, sé que tengo un botón de culpa bien grande.» – Pero cuando su niño manipulador empuja afanosamente aquel botón, ellos pueden olvidar fácilmente lo que realmente sucede. Además, a veces somos inconscientes de nuestras vulnerabilidades más grandes. Los manipuladores a menudo nos conocen mejor que nosotros mismos. Ellos saben qué botones presionar, cuando y con qué fuerza. Nuestra carencia del conocimiento de sí mismos nos pone en una situación de desventaja para ser explotados.
    4. Lo que nuestra intuición nos dice cómo es un manipulador, desafía todo que nos han enseñado creer sobre la naturaleza humana. Hemos sido inundados de una psicología que nos tiene viendo a todos, al menos hasta algún grado, como miedosos, inseguros o «colgados». De este modo, mientras nuestro instinto nos dice que tratamos con un manipulador despiadado, nuestra cabeza nos dice que ellos realmente deben ser personas asustadas o heridas «por dentro». Lo que es más, la mayor parte de nosotros generalmente odia pensar en sí misma como gente insensible y cruel. Vacilamos en hacer juicios duros o aparentemente negativos sobre otros. Queremos darles el beneficio de la duda y asumir que ellos realmente no abrigan las intenciones malévolas que sospechamos. Tenemos más tendencia a dudar y culparnos por atrevernos a creer lo que nuestro instinto nos dice sobre el carácter de nuestro manipulador. […] Mientras, desde cierta perspectiva podríamos decir que alguien con este comportamiento defiende su ego de cualquier sentido de vergüenza o culpa, es importante darse cuenta que al tiempo que el agresor expone estos comportamientos, él no está principalmente defendiendo (es decir intenta impedir que ocurra algún acontecimiento internamente doloroso), sino que pelea para mantener una posición, ganar poder y quitar cualquier obstáculo (tanto interno como externo) en el camino de obtener lo que él quiere.
    Ver al agresor a la defensiva en cualquier sentido es una trampa para victimizar.
    El reconocimiento de que ellos están principalmente a la ofensiva, prepara mentalmente a una persona para la acción decisiva que deben tomar a fin de evitar ser atropellados.

    Por lo tanto, creemos que es lo mejor comprender muchos de los comportamientos mentales (no importa cuán «automáticos» o «inconscientes» pueden parecer) que a menudo observamos como mecanismos de defensa, como tácticas de poder ofensivas, porque las personalidades agresivas los emplean principalmente para manipular, controlar y conseguir el dominio sobre otros.

    Más que tratar de prevenir que suceda algo emocionalmente doloroso o terrible, cualquiera que use estas tácticas está tratando principalmente de asegurar que algo que ellos quieren que pase, suceda. […] Negación – Esto es cuando el agresor rechaza confesar que ellos han hecho algo dañino o hiriente cuando claramente lo hicieron. Es una manera de mentir (a ellos, así como a otros) sobre sus intenciones agresivas. Esta táctica del «¿Quien?… ¿Yo?» es una forma de «jugar al inocente», e invita a la víctima a sentirse injustificada al encarar al agresor sobre su comportamiento inadecuado. Esta es también la forma en que el agresor se da el permiso de tener la razón en hacer lo que ellos quieren hacer. Esta negación no es de la misma clase de la negación de una persona que acaba de perder a un ser amado y que no puede aceptar completamente el dolor y la realidad de la pérdida. Aquel tipo de negación es principalmente una «defensa» contra una ansiedad y daño insoportable. Entonces, la negación anterior no es principalmente una «defensa», sino que una maniobra que usa el agresor para conseguir que otros se echen para atrás, descolgarse o sentirse tal vez hasta culpable por insinuar que él hace algo incorrecto. […] Falta de atención Selectiva – Esta táctica es similar y a veces confundida con la negación. Ocurre cuando el agresor «juega al tonto», o actúa como olvidadizo. Al usar esta táctica el agresor activamente no hace caso de las advertencias, súplicas o deseos de otros, y en general, rechaza prestar atención a todo lo que podría distraerlo de perseguir sus propios objetivos. A menudo, el agresor sabe muy bien lo que usted quiere de él cuándo comienza a exponer este comportamiento de «¡no quiero oírlo!». Usando esta táctica, el agresor activamente se resiste a las tareas de prestar atención…
    Racionalización – una racionalización es la excusa que un agresor trata de ofrecer para involucrarse en un comportamiento inadecuado o dañino. Ésta puede ser una táctica eficaz, sobre todo cuando la explicación o justificación del agresor tiene el suficiente sentido como para que cualquier persona razonablemente consciente la compre totalmente. Es una táctica poderosa porque no sólo sirve para quitar cualquier resistencia interna que el agresor podría tener sobre hacer lo que él quiere hacer (calmando cualquier náusea de la conciencia) sino que también le saca a otros de encima. Si el agresor puede convencerle que lo que hace es justificado, entonces él queda más libre para perseguir sus objetivos sin interferencias. […] Desviación – Un objetivo móvil es difícil de golpear. Cuando tratamos de sujetar a un manipulador o tratamos de tener una discusión enfocada en una sola cuestión o comportamiento que no nos gusta, él es el experto en saber como cambiar el tema, esquivar la cuestión o de algún modo nos lanzan una curva. Los manipuladores usan distracción y técnicas de desviación para mantener el foco lejos de su comportamiento, alejarnos de la pista, y quedar libre para sus propios fines egoístas y ocultos. […] Mentira – es a menudo difícil saber cuándo una persona miente mientras lo hace. Por suerte, hay momentos en que la verdad sale a flote porque las circunstancias no confirman la historia de alguien. Pero también hay momentos cuando usted no sabe que ha sido engañado hasta que es demasiado tarde. Un modo de minimizar las posibilidades de que alguien lo pisotee es recordar que puesto que las personalidades agresivas de todos los tipos generalmente no se detendrán ante nada para conseguir lo que ellos quieren, usted puede esperar que ellos mientan y hagan trampas.
    Otra cosa a recordar es que los manipuladores -siendo personalidades encubiertas agresivas-son propensos a mentir de modos sutiles y encubiertos. Los tribunales están bien conscientes de las muchas formas en que la gente miente, aún cuando ellos requieren en los juramentos de tribunal que los testigos digan «la verdad, sólo la verdad, y nada más que la verdad». Los manipuladores a menudo mienten reteniendo una cantidad significativa de la verdad o deformándola. Son expertos en ser vagos cuando usted les hace preguntas directas. Es un modo hábil de mentir por omisión. Tenga esto en mente cuando trate con un sospechoso de ser lobo vestido de oveja. […] Intimidación Encubierta – los Agresores con frecuencia amenazan a sus víctimas con mantenerlos ansiosos, aprensivos y en una posición baja. Los agresivos encubiertos intimidan a sus víctimas haciendo veladas (sutil, indirectas e implícitas) amenazas. Causar culpa y vergüenza son dos de las armas favoritas de los agresivos encubiertos. Ambas son tácticas especiales de intimidación.
    Crear culpa – Una cosa que las personalidades agresivas saben bien es que otros tipos de personas tienen conciencias muy diferentes a las de ellos. Los manipuladores son a menudo expertos en utilizar la mayor conciencia de sus víctimas para mantenerlos en la duda de sí mismos, ansiosos y sumisos. A más conciencia tiene la víctima potencial, la culpa es más eficaz como arma.
    Las personalidades agresivas de todos los tipos usan la creación de culpa como táctica manipuladora en forma tan frecuente y con tanta eficacia, que demuestra cuan esencialmente diferentes de carácter son al compararlos con otras personalidades (sobre todo neurótica). Todo lo que un manipulador tiene que hacer es sugerir a la persona consciente que ellos no se preocupan bastante, son demasiado egoístas, etc. Y aquella persona inmediatamente comenzará a sentirse mal. Por el contrario, una persona consciente podría intentar que un manipulador (o cualquier otra personalidad agresiva) se sienta mal por su comportamiento hiriente, reconocer su responsabilidad, o admitir la maldad, sin lograr absolutamente nada.
    Avergonzar – Este es la técnica de usar sarcasmo sutil y observaciones ofensivas como un medio de miedo creciente y duda de sí mismo en otros. Los agresivos encubiertos usan esta táctica para hacer que otros se sientan inadecuados o indignos, y por lo tanto, sean deferente con ellos. Esto es un modo eficaz de crear un sentido continuo de insuficiencia personal en la parte más débil, permitiendo así a un agresor mantener una posición de dominio. […] Desempeñar el Papel de Víctima – Esta táctica implica retratarse como una víctima inocente de circunstancias o comportamiento de alguien más a fin de ganar la compasión, evocar la compasión y así conseguir algo del otro. Una cosa con la que cuentan las personalidades agresivas encubiertas es el hecho que las personalidades menos hostiles y crueles por lo general no pueden soportar el ver a alguien sufrir. Por lo tanto, la táctica es simple. Convenza a su víctima que usted sufre de algún modo, y ellos tratarán de aliviar su angustia. […] Vilipendiando a la Víctima – Esta táctica es con frecuencia usada junto con la táctica de desempeñar el papel de víctima. El agresor usa esta táctica para hacerlo parecer que él sólo responde (es decir se defiende contra) la agresión de parte de la víctima. Esto permite al agresor poner mejor a la víctima a la defensiva. […] Desempeñar el Papel de Criado – Los agresivos encubiertos usan esta táctica para encubrir sus agendas egoístas bajo el aspecto de servicio a una causa más noble. Esto es una táctica común, pero difícil de reconocer. Pretendiendo trabajar mucho en el nombre de alguien más, los agresivos encubiertos ocultan su propia ambición, deseo de poder, y búsqueda de una posición de dominio sobre otros. […] Un escándalo reciente que envuelve a un tele-evangelista causó que su iglesia lo censurara por un año. Pero él dijo a sus fieles que no podía detener su ministerio porque él debía ser fiel a la voluntad del Señor (Dios supuestamente se dirigió a él y le dijo que no se marchase). Este ministro era claramente desafiante de las autoridades establecidas de su iglesia. Aún así, se presentó como una persona humildemente sumisa a las autoridades «más altas». Un sello característico de las personalidades encubiertas agresivas es que profesa en voz alta el servilismo, al tiempo que luchan por el dominio.
    Seducción – las personalidades encubiertas agresivas son expertas en encantar, alabar, adular o de apoyar abiertamente a otros a fin de conseguir bajar su defensa y rendir su confianza y lealtad. Los agresivos encubiertos son también en particular conscientes de que la gente que es hasta cierto punto emocionalmente necesitada y dependiente (y esto incluye a la mayor parte de personas que no tienen desórdenes de personalidad) quiere la aprobación, tranquilidad, y más que nada, un sentido de ser valorado y necesitado. Aparentar ser atento a estas necesidades, puede ser el boleto de un manipulador para obtener un poder increíble sobre otros. […] Proyectando la culpa (culpando a otros) – las personalidades Agresivas siempre buscan un modo de cambiar la culpa por su comportamiento agresivo. los agresivos encubiertos no son sólo expertos encontrando cabezas de turco, son expertos en hacerlo en forma sutil, difícil de detectar.
    Minimización – Esta táctica es una clase única de negación conectado con la racionalización. Usando esta maniobra, el agresor intenta afirmar que su comportamiento abusivo no es realmente tan dañino o irresponsable como alguien podría reclamar. Esto es la tentativa del agresor de hacer convertir una montaña en un hoyo de topo.
    He presentado la principales tácticas que usa los agresivos encubiertos para manipular y controlar a otros. No son siempre fáciles de reconocer. Aunque todas las personalidades agresivas tiendan a usar estas táctica, los agresivos encubiertos generalmente los usan hábilmente, de manera sutil. Alguien tratando con una persona encubiertamente agresiva tendrá que aumentar la sensibilidad de nivel visceral frente al uso de esta táctica si quieren evitar ser sus víctimas.
    Una de las formas de lograr comprender estas disfunciones tanto en nosotros mismos como en otras personas es informándose y aprendiendo los síntomas y los mecanismos de acción. Aunque nos cueste creer la mayoría de los casos de personalidades abusivas y obsesivas surgen de heridas emocionales causadas dentro de nuestras propias familias.
     
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    dejar de ser manipulable

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